Verdad y método II. Quintín Racionero.transcriptor: Óscar Sánchez.

April 5, 2016

 

I- Existen muchos precedentes de la hermenéutica. Gadamer la ajusta a sabiendas de que, con ello, prolonga una larga tradición, tradición que convivió con la racionalidad analítica compitiendo con ella hasta que, en la modernidad, triunfó esta última. Heidegger quiere recuperar la razón hermenéutica. En 1959, cuando aparece “Verdad y método”, estaban en auge los modelos analíticos: Círculo de Viena, Popper, el primer Wittgenstein, los revisionismos de marxismo y de la escuela de Frankfurt… A la sazón la obra de Heidegger sufría un profundo deterioro de su popularidad y aceptación, estaba casi caída en el olvido, e incluso la propia figura del pensador era despreciada en el mundo intelectual: del grupo de Frankfurt, H. Marcuse acusó a Heidegger por nazi y se intentó hacer pasar su pensamiento por derechista; Luckács en “El asalto a la razón” (el término alemán dice “destrucción”) presenta a un Heidegger místico, interiorista, de donde nace el nazismo; Carnal ridiculiza sentencias como “la nada nadea” como sinsentidos de los últimos metafísicos seniles, etc. Este era el clima de la aparición de “Verdad y método”: realmente, había que tener valor y confianza para publicarlo. La herencia de Heidegger era un sinsentido para la analítica y reaccionaria para la dialéctica. Gadamer defendió que las expresiones heideggerianas proponían una racionalidad capaz de superar las dificultades del análisis y la dialéctica. “Verdad y método” intenta subrayar la potencia de esta razón alternativa y, además, dotarla de una larga historia o tradición que justifica y legitima su uso.

Heidegger había dicho: todo el conocimiento no es un ajuste entre sujeto cognoscente – caos real, sino que es un mensaje, algo cifrado, una noticia. Entre      Sujeto – Texto – Objeto     existe una mediación: el conocimiento no va directamente del sujeto al objeto o viceversa. En el Texto, que es la mediación, es donde está el conocimiento, un encuentro en una posición intermedia. Ya en Peri hermeneias Aristóteles se mostraba en contra de la concepción milesia: Cosa = Órgano que la recibe o conoce, bajo el principio de lo semejante por lo semejante; y Aristóteles afirmaba la relación:      Cosa – Lexis – Órgano   , de modo que en la lexis es donde debe estar la hermeneia, la actividad de reconocer, discriminar por parte del sujeto lo que en la lexis hay efectivamente de cosa, objeto. Pues en la lexis reside también [ethos, pathos y pragma]. La hermenéutica discrimina en la lexis para poder hablar del objeto. Después y sólo después de la operación hermenéutica se da la identidad con el objeto y el logos apophantikos. Solo se puede hacer un programa analítico cuando se ha hecho la tarea discriminativa, hermenéutica. El olvido del primer programa aristotélico explica el triunfo de la analítica en el medioevo. Como ya no es el hombre el que conoce sino Dios, en su cabeza privilegiada no cabe sino la idea pura sin ninguna interpretación. Únicamente Dios detenta el logos, pero en Él sólo hay lenguaje apophantikós, no coimplicación en la lexis de los elementos [ethos, pathos y pragma]. Este es para Heidegger y Gadamer el primer olvido del programa hermenéutico, que para el primero es, además, un olvido de la metafísica: el cambio de la teoría del conocimiento por la teoría del juicio, una teoría sujeto-predicados que da por resuelta la problemática hermenéutica.

Cuando más adelante el protestantismo niega la autorictas en la lectura de la Biblia, se encuentra con el problema de que la lectura personal no es clara ni controlable (para evitar lecturas locas o directas se repone la autorictas en la confesión de Ausburgo. Trazos de la modernidad:

 

  1. En la matemática todo es seguro –axiomas y leyes de deducción. Engordar los enunciados matemáticos (enunciados según leyes generales) y extenderlos a todo lo que se pueda, o a lo más análogo a ellos que pueda hacerse.

  2. ¿Qué hacer con los restos? Lo que no puede ser reducido al anterior requisito debe pasarse por la hermenéutica. No se puede explicar todo aquello para lo que no tengo objetividad o definiciones claras y distintas. Aquí entran las definiciones dialécticas aristotélicas, que son polémicas, en las que caben varios usos, y en las que el punto de partida es la discusión: “Sea el amor…”. Donde no hay explicación sólo cabe la comprensión. La hermenéutica es necesaria donde penetra la subjetividad (Escriturística, Ética, Arte, Historia, etc.) 

 

 

De modo que el esquema de la racionalidad a fines del s. XIX nos ofrece una presentación en dos grandes áreas: Ciencias nomotéticas (razón analítica) y Ciencias ideográficas (hermenéutica).

 -Si se cree que las segundas sufren una carencia tendrán prioridad las primeras, y las demás deberán ascender e ingresar en ellas. Esto manejó la filosofía analítica en los años ´20 y ´30 y sigue vigente todavía en los ´50.

-Pero también se puede creer que la racionalidad es congénitamente doble. Todos los objetos se nos dan o bien nomotéticamente o bien ideográficamente, sólo que, para estos últimos, la razón hermenéutica aun no se ha formalizado. Se necesita para ellos una ciencia peculiar: crítica de la razón histórica. Esto piensan los historicismos, que son también corrientes de la ilustración. No se salen tampoco del esquema: unitario o bipolar sigue siendo el mismo.

Frente a estas dos tendencias, Gadamer piensa que todo el entero esquema es inútil y lleno de prejuicios. Además, no nos proporciona una racionalidad eficaz. No es que sea una opción por el punto segundo, ni una ascensión al primero, simplemente es que en absoluto cuenta con el esquema. Para él, el modelo analítico produce aporías insalvables: el conocimiento según leyes es una castración del conocimiento. Y la razón historicista no conduce a conocimiento alguno, aquí el conocimiento sucumbe y deviene relativismo, incompetencia. La hermenéutica surgió con la pretensión de ser una racionalidad completa y no incompetente. Su aparición no cayó bien en la comunidad filosófica, provocó muchos rechazos y ataques, tardó en penetrar el mercado intelectual. Crítica, por ejemplo, dialéctica: el programa de la razón es dinámico, supera las contradicciones; Gadamer quiere paralizar la historia, es una ideología ¿Es verdad que la razón científica es reduccionista y la hermenéutica puede superarla (y con ello la división)? ¿Es cierto que no es ideología, que no es conservadurismo? El nivel de su radicalidad está en presentarse como modelo universal de racionalidad, nada más ni tampoco nada menos.

 

II- Lo que decía el historicismo sobre la comprensión (Das Verstehen) < una operación de la teoría del conocimiento. Lo que decía, en cambio, Heidegger, sobre la comprensión < involucra un plano ontológico, es un existenciario, es decir, un modo como antológicamente está incardinado en el mundo el dasein. Los existenciarios son categorizaciones (no implican juicio como en Kant, lo que las hace ser vacías) de posición del dasein, modos de relación del dasein en el mundo, modos de estar-ahí. La comprensión expresa una relación originaria según un proyecto, no se da en ella “lo que es” del sujeto o del objeto, sino “lo que va a ser”. Aquí la realidad aparece en su condición de dejarnos abiertas las posibilidades que manifiesta: offenstendigkeit (estado de abierto = mostración de posibilidad). La comprensión no puede aislarse, cortarse un plano porque supone la totalidad. Comprender: expresa la copertenencia del que conoce y el mundo, la pertenencia del dasein a un estado de cosas. El sein propio del hombre pone la entwurf (proyección tanto del sujeto como de su fin) sentidos en las cosas que hacen que estas se lo den como manifestación suya configurando el da-. Todo conocimiento es circular, pero el círculo es tal sólo desde el conocimiento (el sentido nunca agota la cosa). Cualquier método es una técnica de cerrar la pluralidad de las posibilidades, cualquier cierre metodológico es un cierre ontológico. Hay que evitar la obturación de lo posible por el significado, evitar la entificación.

Todo conocer encuentra justo lo que busca, así que no puede haber conocimiento desprejuiciado. Todo conocimiento es radicalmente histórico, porque no puede superar los pre-juicios de la mediación humana, que pueden pensarse como particularismos si se radicaliza su contingencia en cada sujeto (dependerían del detalle de cada vida individual), o como propios de una cierta comunidad que permite hacerlos objeto de una, de nuevo, determinada antropología. Los sujetos y las cosas hablan desde tradiciones (el horizonte hermenéutico es móvil: está ya en el intérprete, está ya en la cosa…). La hermenéutica se presenta como una ontología del lenguaje, es toda la realidad, en el lenguaje se expresa la relación dasein-mundo.   

Artículo 3 (1953): Es necesaria una superación de la ilustración, que piensa que sólo hay conocimiento en tanto que este puede ser metódico, y que, por tanto, las ciencias del espíritu también deben ser metódicas. Esto para Gadamer no es una verdadera universalización. La ilustración ha creído que se puede llegar a un conocimiento purificado respecto de los métodos de transmisión. Pero verdad y conciencia metódica no tienen porque ir unidas.

Artículo 4 (cuando ya estaba casi terminado “Verdad y Método”). Se supone que la ciencia se va liberando de prejuicios y ascendiendo al lugar de la verdad. En el resto de los discursos donde no puede darse esto hay que asumir la tolerancia ¿Puede avanzar tanto la noción de verdad que reprima el discurso de la tolerancia? La clave está en cuando Gadamer quiere recusar la identificación ciencia = civilización occidental. El destino de nuestra civilización ha sido la conexión cada vez más fuerte de verdad = certeza, y ello a través del concepto de método. Con Hegel el concepto no vale, pero sí el enunciado verdadero cuando se identifica de verdad con la marcha entera de lo real. Tiene que haber un saber último que captar, aunque este puesto al final, la historia misma debe ser asimilable de modo tal que al término la certeza se lo coma todo. Heidegger empieza a descubrir la verdad en términos ontológicos, mientras que la certeza es gnoseológica. Hay verdad siempre que se manifiesta realidad: una relación hasta ese momento no vista, no pensada, se da, acontece.

Artículo 5: Gadamer menciona en este artículo la complección, lo completo, que significa lo lleno (metafóricamente: se va echando liquido a una botella hasta que se llena, ya no cabe más), y en “Verdad y Método”, del mismo año, dice lo perfecto, que lo acabado, lo que siempre está a disposición pero no por eso lleno (en el caso de la botella significaría que ésta siempre pudiese llenar los vasos que se necesitase, para lo cual no hace falta que este llena). Existe una vacilación en Gadamer en “Verdad y método”: después de haber dicho que la interpretación nunca termina porque no hay ente (no como pensaba Dilthey, que creía que la interpretación avanzaba hasta darnos el objeto completo, un ente, por ejemplo el imperio romano), en la parte tercera del libro dice que una vez apartados todos los prejuicios podrá resplandecer la semántica.

 

III- Nacemos en un horizonte hermenéutico que configura la cotidianidad, los significados de aquello con lo que nos relacionamos utilizándolo, y desde el cual fabricamos nuestros proyectos. La autenticidad en el Heidegger de SuZ estriba en que prime el proyecto que incumple la herencia, que va hacia otro sitio –esto es un “acontecimiento”, una sorpresa: un valor nuevo aparece, no solidificado aún en las tradiciones. Cuando esto ocurre suceden dos cosas:

 

  1. Tiende a cerrarse, a tornarse tradición, herencia como la que preexistía.

  2. Se muestra la diferencia ontológica (como no hay ente, la interpretación nunca termina, cualquier cierre entificador se manifiesta diferente del ser).

 

El cierre que se va a ejecutar (cuyo criterio sólo puede ser dialógico: interpretación que abre y cierra posibilidades) nos enseña antes la apertura ontológica: el ser aparece en su ocultamiento. En los diferentes ocultamientos lo único que se sabe es que el ser no es el ente, eso que Heidegger escribe SEIN.  Y esto no se acaba: la cosa en sí no puede ser la suma de estos apareceres de la cosa. Sólo se puede hablar del SEIN en cada uno de los cierres ilimitados, pero de “lo mismo” (Das Gleiche), no de “el mismo” (Das Selbe). Cada cosa es ella misma en su historicidad, Das Selbe, pero expresión de lo mismo, Das Gleiche. “Lo mismo” de eso histórico es la diferencia ontológica: no hay un ente que se agote a sí mismo en sus manifestaciones. En cada obturación se accede a SEIN, a la diferencia ontológica (no se puede separar, como Spinoza, el “lo mismo” de la cosa: la cosa es “lo mismo”; más bien pensaron así místicos como Jacob Bohme, Eckhart, Duns Scoto…) “La pregunta por la cosa” formulada semánticamente concluye en la técnica: Gestell = “escaparate”, donde “se engaña” presentando el máximo rendimiento de la cosa. El cierre –ocultamiento- lo es precisamente del aprovechamiento técnico. Cada acontecimiento rompe la estructura sujeto-objeto, que luego se recompone con una nueva significación. En “La esencia de la verdad”: dejar ser al ser, quiere decir que no es posible la metafísica o el cierre ideológico del ente. Heidegger, es curioso, nunca avaló ni dijo una sola palabra de sus principales discípulos: Fink llevó a Heidegger a la fenomenología, maestro de Habermas y Apel;  y tampoco de Gadamer.

Artículo 8: Heidegger encontró en la etimología de “hermenéutica” un parentesco, que ahora sabemos imposible (pues la “h” esconde la elisión de dos consonantes distintas) con Hermes, y así tendría el doble significado de comunicación-interpretación y mandato divino, o, dicho de un modo más bonito, “uso profano que puede darse a las palabras divinas”. Cuando alguien dice algo, quiere no sólo que se le entienda (que es donde su significado literal acabaría la interpretación), sino que además se comprenda el proyecto que con su decir indica: nos obliga imperativamente a introducirnos antológicamente en la entwurf que lo explica. La operación de la comprensión es más fundamental, y de ella deriva la operación de la interpretación. Heidegger ya había propuesto una ontología de la historicidad: cada proyecto no puede ser más que histórico, y por ello mismo ontológico: el dasein es antológicamente histórico. El noúmeno es, no lo abandonable como en Kant, sino lo continuamente absorbible históricamente (= antológicamente) en proyectos, lo que se ajusta, pues, a proyectos y es también, por tanto, continuamente subsistente; estos proyectos son a la vez expresión nouménica, substantividad de lo real. El noúmeno se efectúa históricamente y no puede ser de otro modo. El arte es un efectuamiento que no se puede repetir. Francis Bacon tiene razón al decir que la ciencia ha de ofrecer caminos repetibles, pero se equivoca al señalar que precisamente por ello es universal y necesaria, etc. Para poder repetir hace falta un empobrecimiento enorme de sentidos. La efectuación del arte, por enriquecerse de la mayor cantidad de sentidos, es irrepetible, única. En todo caso, ambos efectuamientos son históricos igualmente, ambos nos dan una posibilidad nouménica que no se agota.

Artículo 16: emisión radiofónica que remite a este contexto o momento histórico: años de la realpolitik; declinar del marxismo; invasión de la filosofía analítica a todo ámbito del lenguaje. Aletheia es una etimología negativa: el estado natural es el de la cultura, el de la mediación, el del ocultamiento, el de la entificación –el estado adánico, sin mediación, originario, es mítico.

Nacemos y aprendemos el hecho de llamar las cosas, aprendemos no un lenguaje, sino un lenguaje que supone un estado de entificación histórico. En esto Heidegger es del todo opuesto a Husserl, que creía necesario que hubiese un estado originario, roto por la actitud natural, transparente. Por eso escribió de su puño y letra en la pag. 68 de SuZ: “reacaída en los antropologismos”. Acontece la verdad, no puede ser un juicio porque este tiene de antemano el pre-juicio (dado ya el ocultamiento), sino que nace de una posición pura de desvelamiento. En la obra de arte se maneja un lenguaje nuevo en el momento mismo de su gestación, no en su cosificación. La perspectiva gnoseológica moderna es una creación de Rodolfo Agrícola y Pierre de la Rameé: para pensar de este modo es necesario creer que el ocultamiento es patológico. Así acaba la Edad Media: escépticos – reconocen la mediación, y por tanto concluyen la ruptura logos-ser; místicos –también toman conciencia, y por eso hablan de Dios como “lo otro de mi”, “lo oculto”, etc. Con Descartes se populariza la gnoseología y, curiosamente, ésta termina con él de modo simbólico: Husserl descubre en Meditaciones cartesianas la fundamentación ontológica del metodologismo. Modernidad: lo originario es lo claro, la mediación es el error.

Heidegger piensa que en el diálogo los sujetos desaparecen y el lenguaje es el protagonista. Después de los tanteos iniciales a los interlocutores el asunto se les escapa de las manos y se alejan cada vez más del tema inicialmente tratado. Al final, los sujetos se ven forzados a hablar según el lenguaje los conduce, hasta que en ciertas ocasiones se producen un novum en el cual se da una manifestación que anula los sujetos en la medida en que crece la discursividad –impugnación de la metafísica del sujeto. Cuando desaparece el sujeto dice Heidegger que lo que habla es la tierra –como se ve, el diálogo en Heidegger es algo bastante brutal, el comienzo de una ontología de la dialogicidad. Por esta razón no puede haber reglas preestablecidas en el diálogo (Gadamer quiere fijarlas, aunque lo que diga es que sólo quiere con ello apartar los impedimentos). La existencia auténtica es aquella que acepta las irrupciones de la verdad. El diálogo, y no sólo él en Heidegger, es el lugar del acontecer de la verdad. También la obra de arte, pues Heidegger siempre hizo una ontología de intención política, y al señalar este ámbito del acontecer aparta y repudia por contraste la tecnologización planetaria que propicia la dominación –Gadamer, curiosamente (o no tanto) sólo indica el diálogo, donde el lenguaje debe hablar, no los sujetos. Para justificar sus reglas de la conversación (de la negociación, del diálogo), Gadamer pone el ejemplo de la partida de ajedrez: en ella las directrices lo son del juego, no del jugador, y no constriñen sus jugadas posibles sino que las posibilitan –muy al contrario, dice, que con el método científico, que sólo deja al jugador una jugada posible. 

Gadamer: el acontecer da un ente verdadero que deshace los malentendidos.

Heidegger: el acontecer no da más que una fosforescencia sólo expresable con la analogía de la obra de arte. Pensar es liberar la palabra, dejar que hable = dejar ser al ser. El hombre es pastor del ser porque tiene habla, y por nada más. Coincide con Nietzsche en que la verdad no consiste en el juicio sino el sí originario –ja sagen. El diálogo puede ser interminable y no tiene por qué llevar siempre a un acuerdo –esta es una objeción o dificultada que se le dirige a Heidegger. Pues sí, es cierto, qué se le va hacer. Recurso a Heráclito: “la guerra es la madre de todas las cosas”, o a Anaximandro: “cada afirmación paga un precio por su imposición” (más o menos).

 

IV- Artículo 17: La dimensión ontológica del lenguaje para Gadamer: actualidad de la verdad aún en su continua e interminable búsqueda. La verdad plena es el lenguaje que contiene todas las referencias posibles, ha de servir, pues, como criterio, es el uso de todos los usos, la construcción ideal de todas las construcciones ideales. Aunque no se pueda llegar a ella, hay una interpretación tan correcta que ya no es interpretación, sino la verdad: liberación de la interpretación. Todo es provisional con esto como ideal filosófico, dado que se tiene la certidumbre de su resolución posible. Para Heidegger el arte es, en el acontece, una manifestación de verdad, que es un trascendental del ser, no una pesquisa, no un proceso de conocimiento como para Gadamer. La modernidad es la creencia en que sólo los enunciados debidamente reducidos ponen las condiciones del apresamiento de la verdad –Heidegger diría que esta es una verdad estática, obturadora, y también que así queda desautorizado el lenguaje. El lenguaje técnico fija una metáfora de tal modo que ya no se puede usar, que ya no tiene referencia, que no metaforiza, disloca, desvertebra el lenguaje. “Átomo” significaba en Grecia lo no divisible, Demócrito lo utilizaba también para referirse al alma; ahora, sin embargo, no significa nada, pueden decirse cosas como: “el átomo desprende energía cuando incluye otra partícula”, etc.

Lo mismo ocurre en la estética, que hace juicios del hombre, no de la cosa, hace juicios de gusto, sociología del arte, estudios psicológicos del efecto de ciertos colores, etc. Esto hace que la modernidad hipostasie el hombre sobre la realidad o la naturaleza. Es igual, es lo mismo en ambos casos, se ha dicho, porque: 1- Se hace del lenguaje algo utilitario (no es el lenguaje propiamente, sino el lenguaje del hombre, de sus intereses y necesidades); 2- Se atrae a un punto donde quien habla es el hombre (el lenguaje propiamente es el ámbito donde se manifiesta la verdad, el arte es lenguaje). Lo decisivo para Heidegger es la acción de la manifestación: cuando el ser “actúa” entonces lo que obtenemos es lenguaje, pero él mismo se vela, permanece oculto: SEIN. 

Para Gadamer, sin embargo, el lenguaje no es acción sino universo estable, construcción ideal. Gadamer piensa el lenguaje como el Volkspräche de Humboldt: conjunto de todas las experiencias posibles que ninguna particular agota, pero porque preceden. De un modo grafico:

 

                                      Plenitud del lenguaje que no está actualizada

                               en ningún enunciado pero que se presupone que existe

H.G. Gadamer: -------------------------------------------------------------------------

                               Ser-hombre, ser-bello, etc. Sócrates no agota lo dicho de él,

                                   Se dice en su plenitud ontológica con un universo

                                      estático de ideas aunque ningún hombre lo cumpla.

 

La situación existencial está para Gadamer entre ambos mundos: para él el ser se dice (esto es precisamente lo que dijo Platón: una ontología de la verdad). En la zona de abajo hay que echar mano de la comprensión, el diálogo, etc. para quitar malentendidos, pero la interpretación no es arbitraria porque la zona de arriba existe. En, cambio, para Heidegger:

 

                                                                 SEIN.                                           

M. Heidegger --------------------------------------------------------------------------

                              Aquí, en cambio, completa manifestación de la verdad

 

 

Está visto una vez más que Gadamer incumple a Heidegger. Pero a pesar de estas críticas, no debemos quedarnos meramente con la impresión que éstas nos producen: tiene Gadamer sobre todo grandes méritos que no tienen que quedar desplazados por una mirada hipercrítica, que pretenda evitar la ingenuidad, una vez que ésta hay terminado su labor. Debemos agradecer por lo menos dos cosas a la hermenéutica de Gadamer:

 

  1. La superación del concepto de acción racional como producción. Superación, asimismo, de la separación sujeto > objeto, para la cual no importa que se invierta la dirección del esquema (sujeto < objeto), como hace el materialismo, por ejemplo, de Friedrich Engels.

  2. La conversión de una situación de producción en una de diálogo ¿Qué ha hecho la modernidad? Producir objetivaciones, entificaciones, casi siempre con ganancias de orden político. Gadamer propone deponer las objetivaciones a fin de liberar el diálogo –zustandekommen-, hecho que tiene dos rápidas consecuencias:

 

  1. Superación de la distensión razón teórica y razón práctica, que Kant se saca de la manga y que, en general, responde a la necesidad de producción entitativa. Ambas se interpenetran: la teoría está ya calada de práctica y viceversa.

  2. La práctica científica es una práctica ritualizada entre muchas, un caso de diálogo, no es nada mejor que el conocimiento vulgar. El universalismo de la hermenéutica lo es de este su papel de metasistema clasificatorio. 

 

V- Después que Platón separa el mundo inteligible, de inteligibilidad pura, se ve en el problema de dar un lugar a las significaciones que le corresponden, que son las que enunciamos nosotros. Cuando no hay mundo inteligible, sólo hay las significaciones enunciadas, enunciables. Grecia, en términos generales, pensó así la crítica del lenguaje:

 

Diacritike techné             1) krinein ta ethe > discriminar entre la costumbres, o cuanto de (técnica divisoria)                                                                        costumbre tiene un enunciado.

                                             2) logon didonai > dar las palabras.

 

Es importante señalar que Platón piensa que con esta operación no se obtiene el mundo inteligible, pero conocen los recursos del lenguaje, y sólo quien conoce los recursos del lenguaje comprende que éste se desdobla hacia la idea y hacia la realidad física. La técnica divisoria es, por esto mismo, por divisoria, negativa, no sabe mencionar aún la idea pero estando ahí como criterio ella nos permite, de un modo absoluto ya, decir que los enunciados de las realidades sensibles o son ella, permite, pues, esta diferencia de un modo firme. El logos es la verdadera methexis platónica, el elemento mediador, al menos del Platón mejor, el de el periodo medio. Por esta razón Platón no sabe donde poner el logos, en qué lugar intermedio entre el mundo inteligible y el sensible (luego inventará el demiurgo y otras cosas). Plotino da una mejor solución, y en este sentido Platón se realiza verdaderamente en él, al afirmar que este espacio de la plenitud del lenguaje es una emanación de lo inteligible, y a su vez el lenguaje nuestro es una emanación de este primero, etc. El problema de Plotino, además de tener que aceptar “porque sí” el Uno –y no una pluralidad de principios, como en Aristóteles-, está en que aunque en el descenso dialéctico todo va bien (pues todo, hasta chocar con la materia, es emanación del Uno y, por tanto, de la fuente de realidad), no ocurre igual con el ascenso: para ascender hay que ir despojándose cada vez más de realidades particulares, que dejan de ser tales realidades, quedando degradadas, nulificadas, a medida que se da el acercamiento a la realidad plena.

Como Platón piensa Gadamer con respecto a la presentación de los prejuicios. Aquel que sabe con prejuicios, sabe, por tanto, que no está en el lenguaje pleno (que con Gadamer ya lo incluye todo además, incluso gestos), que, sin embargo, existe como posibilidad, así que se puede desde esta conciencia hacer crítica o poner alerta sobre tales prejuicios de una manera mucho más eficaz y, si se quiere, progresista que aquel que ni siguiera se sabe prejuiciado y, por consiguiente, no conoce su estado necesariamente diferente del ideal (alguien así no avanzara un solo paso en su completo despiste, así Habermas). Discusión sobre la ofuscación que el monólogo de la ciencia produce en la comunidad de diálogo, esquema quiasmático que introduce la respuesta de Gadamer:

 

1-La ciencia produce una enajenación de la significatividad -------- 1´- Lo enajenado es precisamente lo que está prejuiciado. Hay que recuperar la significatividad mediante la restauración de la situación de comunicación.

2- Hay un mundo distinto y verdadero que no es el que nombra el lenguaje usual ---------2´) No hay mundo distinto del que nombra el lenguaje usual.

 

Esto introduce una contradicción que es la que produce la ofuscación: si que hay un lenguaje verdadero, se dice por un lado, que nos da el mundo, pero resulta que éste no es el usual, que está prejuiciado, sino uno críptico y especializado que habla de un mundo desconocido. Así que la tesis de Gadamer es: el lenguaje científico –alberga prejuicios sin saberlo          /               saberlo.

                                                   -no es comunicativo               /                 comunicación.

                                                   -favorece la dominación         /           superación dominación. 

                                                   -supone una ruptura respecto del mundo     /    recobrarlo.

 

Artículo 25: (comentarios deslavazados). Derrida forja una filosofía del significante, del grafema, no del sentido como Gadamer. Desprecio del sentido, de lo que llama fonocentrismo. La referencia de un signo es otro, no hay signo de un referente último: Iterabilidad infinita: desvió (ecarté), diferenciación de la referencia, jugar con todos los sentido para que estalle la noción de sentido verdadero = juego de la diferancia. Saussiere realizó la distinción significante – significado para dar cuenta de las flexiones, las alteraciones del significante que, de todos modos, se dan con respecto, y no independientemente, al significado. Derrida se mueve en el vacío cuando establece esa radical diferencia entre ambos, que no pueden pensarse aislados. Mejor sería pensar el signo desde el significado.

Cuando Heidegger habla de lo originario se refería a tradiciones que no estuvieran fuertemente entificadas, es decir, anteriores a la metafísica, cuando el ser “hablaba” más libremente. En este contexto hay que entender la frase de Heidegger, si es que es cierta, que dice que sólo el alemán y el griego son los idiomas en los que se puede pensar. A pesar de eso hay que reconocer que Heidegger nunca pensó en tradiciones no-occidentales en su búsqueda de lenguajes originarios, siempre pensó en algo así como un lugar privilegiado para la aberland (lugar donde siempre declina el sol), occidente.

Gadamer está de acuerdo en que el diálogo necesita de un desacuerdo previo que restaurar en acuerdo, sino difícilmente podría ser esto un diálogo. No es, pues, como Derrida dice un avance de acuerdo en acuerdo. Heidegger: liberar al lenguaje de la lógica y de la gramática.

 

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